El Regreso de los Cazadores de Dragones

Simpre Rebeldes!
El colectivo Skeptical Kemist y el Klifo presentan:
una historia de accion y aventura basada en la tesis esgrimida por la banda
Maestro de Juegos,
se nos invito a jugar, a soñar y lo hemos hecho sin inhibiciones, que lo disfruten, no lo olviden agregar sus comentarios, críticas, insultos, invitaciones a sus blogs y sus webs, todo es bienvenido, sin mas preambulo…
- INTRODUCCIóN:
El abuelo de Shilo, una chica de 17 años, esta a punto de morir, pero antes de consumarse su destino, logra transmitirle a su nieta una palabra clave que despierta en su ser un sin fin de nuevos conocimientos y habilidades. Debido a sus nuevos dones, Shilo se ve impelida a la búsqueda de otro chico, pero el por que de su necesidad de encontrarle se mantiene velado a su conciencia, sin embargo, ella lo busca sin descanso por toda la ciudad. Cuando por fin le ha encontrado, ambos se dan cuenta de que son espiados por tres extraños seres.
“Maestro de Juegos”
“El regreso de los cazadores de dragones”
Capítulo #1.
Escenario: Calle sin salida, en uno de sus lados se observa un contenedor de basura, al fondo un pequeño muro pintado con graffiti, que impide que la estrecha calle llegue a algún sitio. Shilo se encuentra sentada en la calle, con su espalda sobre el muro, parece dormir. De repente cae un gato sobre la tapa del contenedor de basura, maúlla alegremente, mueve su cabeza en dirección de donde se encuentra Shilo, vuelve a maullar. Seguido, salta del contenedor y con lentos pasos se le acerca. Se detiene frente a ella, le mira curioso, bosteza, limpia su nariz con su pata, vuelve a mirarle y entonces habla:
-Eres una niña estúpida, debiste haberte rendido desde hace mucho-
-Nada podrá evitar tu muerte, mocosa engreída-
Sigue la aventura del Maestro de Juegos, podrán los chicos salvarse de la terrible amenaza que los persigue? solo leyendo se daran cuenta… asi que adelante! y no olviden dejar sus comentarios, sus críticas, las invitaciones a sus blogs, lo que deseen, este espacio es también suyo.
Shilo levantó con dificultad su cabeza, que colgaba minutos antes como la de los ebrios en el delirio de su embriaguez, miro con ojos entrecerrados al animal y apenas pudo decir:
-Y que más da estar viva o muerta, prefiero la muerte a ser un vil esclavo por toda la eternidad-
El felino enfureció al escucharla, dio dos pasos hacia atrás, levanto su pata derecha y maulló con todas sus fuerzas. De repente el cuerpo de Shilo se vio levantado del suelo como por invisibles brazos, sintió que una mano, también invisible le estrangulaba. Su cuerpo se elevó cada vez más hasta ser depositado en la azotea del edificio contiguo al callejón. Al tocar la superficie helada de la azotea, el estrangulamiento cesó, ella tosió y tosió sin parar, estaba a punto de perder la conciencia, se obligo a no perderla pero su cuerpo casi sin energía ya, sucumbió al esfuerzo. Al otro lado de la azotea, agazapados entre las sombras se hallaban los otros dos seres, una perversa sonrisa parecía asomarse en sus rostros.
Segundos después el gato reapareció, se había materializado cerca de donde estaban sus
compañeros. Lamió sus patas en una actitud despreocupada.
-Ha llegado el momento, qué estamos esperando entonces- dijo el mas alto de los seres.
- Asesínale, no pierdas más tiempo- recalcó.
-Quiero que este conciente y que me pueda ver, mientras le arrebato la vida, lentamente. Hummm!,
que delicia el derramar su sangre-
El segundo de los seres se acercó a Shilo, le miró detenidamente por cuestión de un minuto, frunció el ceño, hizo una exclamación apagada y se desmaterializó en el acto. El otro de los seres que no había adoptado una forma animal, miró el cielo estrellado y como había hecho su congénere segundo antes, se desmaterializó a la vez, dejando a su compañero gatuno la responsabilidad de eliminar a la elegida. Este esperó y esperó hasta que la chica despertó.
Entre quejidos Shilo intento erguirse pero su cuerpo una vez más se negó a obedecerle. Con visibles esfuerzos logró arrastrarse hasta la torreta de un ducto de ventilación del edificio.
Ayudándose con sus manos pudo sentarse, intentó llenar sus pulmones de aire dando dos extensas bocanadas con su boca semiabierta. Miró a su alrededor tratando de reconocer donde estaba pero cuando creyó sentirse a salvo, se dio cuenta de que el felino le observaba, se sintió palidecer y de sus ojos brotaron delgadas lágrimas.
El degenerado animal saltó sobre ella y dando un doble sarpaso, primero con su garra izquierda y luego con la derecha, como un pugilista ansioso por alcanzar la victoria, le abrió la garganta. Shilo se desplomo impotente, la sangre inundaba el frío suelo como una marejada la indefensa costa, su visión empezó a nublarse, entonces el pánico se apoderó de su ser y empezó a patalear como un demente.
Mientras tanto su enemigo la observaba desangrarse y pensó que ya no necesitaba mantener un instante más la forma animal que tanto placer le daba adoptar. Su cuerpo brilló con una coloración verde-azulada, su forma pareció perderse en un ovoide que creció hasta tomar la estructura de un ser antropomorfo de unos dos metros de altura, cabello muy corto, que vestía una especie de uniforme militar. Sacó de uno de sus bolsillos una libreta y revisó las anotaciones que contenía, pero, de repente, un destello recorrió la azotea y un silbido se escuchó detrás del ser metamorfo. Su cabeza salió disparada por los aires, rebotó varias veces en el suelo hasta ser detenida por el muro de contención de la azotea, el cuerpo del gigante cayó entre temblores, de su cuello cercenado erupcionaban sendas olas de sangre. Su caída reveló la figura de Daniel que empuñaba un sable con sus dos manos. Dejó caer el arma y corrió a auxiliar a Shilo.
Ésta se encontraba a punto de morir, Daniel la tomó entre sus brazos, colocó la cabeza de su amiga sobre sus rodillas, sacó de un bolso que cargaba una bolsa minúscula que contenía una sustancia gelatinosa de color anaranjado, aquello parecía pulpa de naranja. Abrió el paquetito con los dientes y derramó el contenido sobre la herida, está se cerró al contacto con la extraña sustancia.
Toda la sangre que ella había derramado se desvaneció, en el suelo, sólo quedaron los regueros de sangre de su enemigo.
Daniel respiró hondo y se sintió aliviado, besó la frente de su nueva amiga para luego cerrar los ojos, tenía en su mente la vana esperanza de que todo era un mal sueño, una descabellada broma de su mente inconsciente, pero al abrirlos fue conciente de que todo aquello era real y de que no podía evadirse, si lo hacía sin duda el siguiente en morir sería él y se había jurado a si mismo compartir su vida con Shilo, por lo que morir pronto no estaba entre sus planes, colocó con delicadeza la cabeza de la mujer que amaba en el suelo y se dirigió a recoger su arma.
Continua la saga de Shilo y Daniel en su intento por escapar de los monstruos que los persiguen, han entrado en escena nuevos personajes y una increìble revelaciòn està pronta a suceder, cambiando la vida de los habitantes de Nueva Utopìa para siempre. No te pierdas esta y las partes venideras, que nuevas sorpresas entraran en escena.
Como es usual, te pedimos que no olvides dejar tus comentarios, crìticas, mentadas de madre, lo que quieras, esperamos oìr de ti. Ademàs aprovecho la oportunidad para decirle a nuestra querida amiga Rose, feliz cumpleaños, te deseamos una vida llena de felicidad y momentos cumbre. Ademàs, estamos ansiosos, por ver alguno de tus trabajos, publicado en el blog.
Se despide afectuosamente,
El Klifo.
Capitulo #2:
Setenta y cinco segundos le había tomado a Daniel robar un auto, Shilo descansaba en el asiento trasero, su garganta le ardía horriblemente. Daniel le miró por el retrovisor, confirmó que se encontraba bien y regresó su atención a la carretera. Viajaban a una velocidad de 95 Km. por hora, atravesando calles desiertas y sin detenerse en las intercepciones. Daniel revisó que su sable estuviera al alcance de su mano, lo llevaba atado a su espalda con un cordón de zapato que había hallado tirado en la calle. Dobló a la izquierda al ingresar a la gran plaza que conmemoraba la fundación de la ciudad y se detuvo frente a una gasolinera, a más de 25 cuadras de distancia. Verificó que nadie les hubiera seguido y entonces espetó:
-Shilo, despierta por favor-, Sacudió el cuerpo de la chica con delicadeza. Ella abrió los ojos y miró a su camarada.
Llevó su mano derecha a su garganta adolorida e intentó hablar, pero no pudo, sus cuerdas vocales atrofiadas por las heridas habían perdido momentáneamente su función de producir el habla. Hizo ademanes para que Daniel le diera papel y lápiz donde escribir, éste buscó en un bolso que también cargaba y le tendió una libreta junto a un bolígrafo rojo. Shilo escribió en una de las páginas y le mostró a Daniel lo que había escrito:
-¿Como me has curado?-.
-Fui a tu casa, registré la biblioteca de tu abuelo y logré encontrar sus diarios. En ellos registró los métodos descubiertos a través del tiempo para poder invocar y comunicarse efectivamente con el Maestro de Juegos. Además encontré un viejo y voluminoso cuaderno que contiene los principales logros conseguidos por los alquimistas de la antigüedad, entre el sin fin de descubrimientos hallé, el del elixir de la eterna juventud.-
Shilo extendió su mano en signo de que se detuviera, Daniel se detuvo y esperó hasta que ella hubo terminado de escribir algo en la libreta, acercó la misma a su amigo para que pudiera leer claramente lo que había escrito:
-¿Elixir de la eterna juventud, a que te refieres, que me has hecho, Daniel?
-Espera… (dijo viendo la preocupación reflejada en el rostro desencajado de Shilo)
-Encontré en el cuaderno de tu abuelo, los elementos y el procedimiento necesario para crear una sustancia que aceleraría el proceso de sanación de cualquier enfermedad o herida. Incluso, encontrando la dosis correcta, ésta sustancia es capaz de curar heridas o enfermedades mortales. Y lo mejor es… – Miró a Shilo, fijamente y tomó sus manos para confortarla. Luego, continuo -
… los antiguos alquimistas encontraron la dosis correcta y la transmitieron de forma secreta, de generación en generación, a cada uno de sus discípulos a través del tiempo y todo parece comprobar que tu abuelo era uno de ellos.
-Pude encontrar entre sus documentos un mapa de tu casa e inscrito en él, la ubicación donde tu abuelo escondía los resultados de sus experimentos alquímicos, así logré dar con el paradero del elixir y además encontré este sable que se supone esta forjado con plata alquímica y revestido de un veneno especial capaz de eliminar sin demoras a cualquier enviado del Maestro de Juegos.- ![]()
Daniel sostuvo con firmeza las manos de Shilo, ella le miró apesadumbrada, se recostó sobre el asiento y se llevó las manos una vez más a la garganta.
-No te preocupes, pienso que es sólo cuestión de minutos el que recuperes el habla, Daniel quería consolarle y hacerle entender que junto a él no correría ningún peligro.
-Salí lo más rápido que pude de la casa de tus padres, robé un auto y conduje a toda prisa hacia el callejón. En mi interior sabía que no les tomaría mucho tiempo a esos monstruos, el dar con tu paradero. Cuando llegue encontré el callejón desolado, en ese momento pensé que te había perdido hasta que un resplandor se escapó de la azotea del edificio contiguo. Seguí mis instintos, muy adentro de mí, sabía que te iba a encontrar allá arriba. Tomé el sable, lo saqué de su vaina y recé una oración por la muerte de mis enemigos, como aconsejaba el cuaderno de tu abuelo. Corrí hacia el edificio, encontré la puerta asegurada con un gigantesco candado, sin dudarlo lancé una estocada y el candado, partido en dos, salió despedido por los aires. Entré aprisa y subí las escaleras lo más rápido que pude.
Cuando por fin llegué a la azotea, fui testigo de cómo ese ser cambiaba de forma, a la vez vi tus espasmos de terror mientras te desangrabas. Dentro de mí, nació una furia incontenible hacia ese maldito monstruo y ansiaba su muerte con todo mi ser, entonces recordé una vez más lo que había redactado tu abuelo, escupí sobre la hoja brillante del sable y me abalancé furioso contra el maldito engendro, cuando sentí que se había percatado de mi presencia, ya había sido demasiado tarde para que pudiera reaccionar, pues ya había lanzado un tajo preciso sobre su cabeza, cercenándole la misma al unísono.-
Shilo no sabía lo que había sucedido en ese edificio después de desmayarse producto de los cortes hechos por el ser metamorfo en su garganta. Al escuchar el relato de Daniel, se estremeció en el asiento, jamás creyó que Daniel fuera capaz de semejante gallardía.
-Entonces, corrí hacia ti y vertí el elixir sobre la doble herida en la garganta. Me maravillé al ver como la sangre dejaba de manar y como al instante se cerraba la herida. Después fui testigo de cómo toda la sangre que habías derramado se desvanecía sin más. Sentí temor y me percate que no tenía el sable conmigo, así que fui a recogerle y como no pude controlar mi temor, me acerqué al cuerpo del monstruo decapitado y lo hice añicos con el arma. Luego guarde el sable en su vaina, fui en tu busca, te cargue en mi espalda y salí de allí con la idea de escapar en el auto y quizás alejarnos para siempre de la ciudad en él.- Daniel se detuvo, se dio media vuelta, tomó su bolso, el que había puesto en el asiento contiguo del conductor y le dijo a Shilo que se preparara para seguir a pie.
Estaban listos para partir cuando el auto se inclinó bruscamente hacia delante, uno de los seres sobrenaturales caía sobre la tapa del coche desde quién sabe donde, éste miró al interior del auto y vio que los dos chicos trataban de escapar a toda costa del vehículo, atravesó su brazo a través del parabrisas, destruyéndolo por completo, asió con su mano ciclópea a Daniel y lo sacó del coche por el mismo lugar por donde había introducido el brazo, lo alzó hasta colocarlo a nivel con su rostro de aspecto temible. Daniel pataleaba sin parar y trataba de alcanzar el sable que llevaba en la espalda. Su enemigo entendió el motivo de sus esfuerzos y sonrió apenas perceptiblemente, en ademán de desprecio por lo que tramaba Daniel.
Shilo, a pesar del brusco golpe, logró salir del auto, al hacerlo se dio cuenta de que ya no le ardía la garganta e intuyó que quizás podría hablar sin dificultades. Se decidió a salvarle la vida a Daniel justo como él había salvado la suya, una hora atrás. Mejoró su postura, irguiéndose en una pose recta y orgullosa, junto sus manos frente al pecho, de igual forma como los budistas juntan sus manos cuando se disponen a rezar. Cerró los ojos y recordó el rostro de su abuelo. Logró detener el temblor de su cuerpo y serenarse absolutamente. Entonces, empezó a recitar, cada vez más fuerte, hasta que se descubrió gritando a viva voz, lo que asemejaba una antigua oración:
-¡Hurin abba, t’amil q’edsa!-
-¡Hurin Lyeja, t’amil udn’aan!-
El gigante dejó de interesarse en Daniel y miró a Shilo mientras recitaba, sintió su cuerpo muy pesado y no podía mantener los ojos abiertos, pasados unos segundos, se desplomó en toda su envergadura. Daniel cayó bruscamente sobre el capó del automóvil pero su captor no contó con la misma suerte, ya que cayó sobre una banca de concreto, reduciéndola por lo extremo de su peso a polvo y un sin fin de escombros. Shilo verificó que Daniel no estuviera herido y le ayudo a levantarse. La esperanza brotó una vez más en sus ojos cansados pero cuando escucharon a la distancia, el estridente chillido de las sirenas de las patrullas de la policía, su animó se quebró. Si la policía llegaba a darse cuenta de la existencia de los monstruos, todo estaría perdido.
Mientras el resto de la ciudad fuera ignorante de la fatalidad que se cernía sobre ella en la forma de los engendros que le perseguían a ella y a Daniel, no había la menor duda, de que ellos no molestarían a nadie más que a los chicos, por su fatal destino de saber lo que no se permite saber. Pero algo totalmente diferente sucedería, si el resto de la ciudad era conciente de la existencia de sus enemigos, Shilo estaba segura de que estos canallas no dudarían en asesinar a cada una de las personas que les vieran, sabía en lo profundo de su ser que ellos no permitirían que su presencia fuera revelada al resto del mundo.
A cada segundo que pasaba, el chillido de las sirenas se intensificaba, los chicos se miraron el uno al otro, sus rostros desencajados por la preocupación eran el vago reflejo de dos mentes que trataban infructuosamente de encontrar una solución rápida y certera al problema que tenían enfrente. Shilo movió su cabeza y observó como las patrullas se aproximaban a menos de una cuadra de donde estaban, sin saber que hacer huyó despavorida. Daniel asombrado le siguió con la mirada, mientras ella huía a toda prisa. Escuchó el ensordecedor chillido de las sirenas justo a su espalda acompañado del chirrido producido cuando cada una de ellas se detuvo en el acto a pesar de la alta velocidad con que avanzaban. Daniel se dio la vuelta y resignado con su suerte, levantó en alto cada uno de sus brazos. Un fugaz resplandor cegó a los oficiales que se aproximaban, su sable, sediento, colmaría su sed con creces.
Capítulo #3.
El viento capturó en su carrera, la gorra de uno de los oficiales muertos por Daniel; y la depositó en la fuente del monumento que conmemoraba la fundación de la ciudad. A poca distancia de ella, observaba un hombre, él había sido testigo de la masacre y de cómo Daniel huyó por la misma dirección por la que Shilo lo había hecho, minutos antes. Contempló como aquel gigantesco ser se erguía para desvanecerse después, indiferente de los cuerpos tirados a su alrededor.
Había sentido un pavor incontrolable al reconocer a aquel monstruo, que lo decidió a alejarse del lugar a toda carrera. Pero al llegar a la Plaza y al monumento, reflexionó y se detuvo.
Ahora, casi treinta minutos después de que sucedieran los hechos, se sentía tranquilo y por lo tanto, se aproximó a la fuente para recoger la gorra, la quería de recuerdo. Casi lo lograba cuando fue interrumpido por una voz que le imprecó:
-Deberías robar una de sus armas en vez de conformarte con esa gorra-. El hombre se volvió y pudo ver como detrás de él, se encontraba un niño de escasos 6 años, mirándole fijamente.
-¡Diablos, donde te habías metido, maldita sea!- contest ó el hombre indignado.
-¿Como permites que ese mocoso haga uso de las sagradas reliquias, cómo le dejas matar?
El niño empezó a reír y sus risas enfurecieron al hombre. Este sacó un pequeño revolver que escondía en uno de los bolsillos de su chaqueta y abrió fuego contra el infante. Pero fue inútil, tan pronto como había jalado del gatillo, el niño se transformó en una nube de un vapor verdoso por la cual atravesaron las balas sin la menor dificultad. Horrorizado el hombre cayó de rodillas, pidiendo perdón. La nube verde fue poco a poco condensándose hasta que volvió a adquirir la forma del chico. Aparecía de pie en el mismo lugar, con la cara tensa por el enojo.
-Sois un idiota, Charles. Acaso no te enseñaron tus maestros que no podemos ser asesinados por los medios convencionales. Debería eliminarte por la estupidez que has cometido, pero te necesito para acceder a las reliquias que tienen en su poder los elegidos-.
-Pero por qué crees que yo puedo arrebatárselas, de seguro me matarán antes siquiera de poder acercármeles – contestó Charles con la voz quebrada.
-Calla, eres el último alquimista vivo y la enseñanza que has recibido te faculta para poder lograrlo, no podemos permitir que nuestros enemigos consigan acabar con los elegidos y mucho menos permitir que destruyan las reliquias-
Se oyeron sirenas a la distancia, el niño hizo un ademán a Charles para que se acercara, este se levantó al instante y fue a abrazarse de las piernas del infante. Charles sintió como si sobre su piel colocaran carbones ardientes, levantó el rostro y tuvo conciencia de cómo la figura del niño había dado lugar a un gigante de más de dos metros, de aspecto demoníaco. Sin embargo su rostro cambiaba intermitentemente del de un engendro infernal al de una agraciada doncella.
El ser sostuvo a Charles con uno de sus brazos y sin avisarle, se elevó por los aires a una gran velocidad.
La patrulla del Teniente Ben Osman fue la cuarta en llegar a la escena. Examinó los cadáveres cuidadosamente, todos habían sido decapitados de un tajo y las cabezas desperdigadas por todo alrededor mostraban rostros apacibles como si hubieran muerto en estado de gracia. A pesar de la carnicería, ni una sola gota de sangre impregnaba el suelo. El teniente estaba anonadado con lo que observaba. Inspeccionó el banco de concreto destruido y llegó a la conclusión de que sólo un peso de varias toneladas habría podido reducir tal estructura a escombros. Uno de los peritos se le acercó para brindarle el informe preliminar de la escena:
-Teniente, tenemos 6 bajas, todos miembros del escuadrón Delta, causa aparente de la muerte: decapitación, sin embargo, ni una sola gota de sangre abandonó sus cuerpos. Encontramos un auto destrozado en su parte delantera, suponemos que un gran peso cayó sobre él desde una altura considerable. Descubrimos que el auto fue robado hace tres horas, se encontraba aparcado en la calle 16. Su dueño lo dejó por unos minutos para comprar comida china en un restaurante cercano. Nuestros agentes trabajan en obtener las huellas dejadas por los ocupantes en el interior del vehículo, aún no hemos logrado conseguir ninguna.-

-Muy bien, quiero que avisen a las familias de los oficiales caídos, lo más pronto posible y no descansen hasta encontrar alguna huella en ese auto, no importa si tienen que desmantelarlo para lograrlo, necesitamos tener alguna pista importante antes que el acontecimiento trascienda a los medios.-
-Vamos, capitán, que espera, consígame esas huellas. –
El teniente regresó a su auto y intentó dilucidar como era aquello posible. Él había escuchado de armas mágicas que mataban sin derramar la sangre de las víctimas, de niño su padre le contaban antiguas leyendas sobre los cazadores de dragones, hombres y mujeres elegidos por esconder dentro de sí, en estado de latencia, habilidades sobrenaturales. Además su padre fue un importante místico y traductor de textos antiquísimos. Siempre pensó que su padre le ocultaba algo, incluso recordó cuando había espiado la conversación que tuvo su progenitor con un excéntrico caballero durante casi una hora completa, cuando era un adolescente. Rememoró como aquel viejo le decía a su padre que la forja de la espada había sido un rotundo éxito.
Los ojos del teniente fueron inundados por las imágenes que su memoria escondía, incluso recordaba las palabras exactas que se dijeron:

-La hemos probado doscientas veces y en ninguna de ellas, ha habido derramamiento de sangre, la espada debe consagrarse inmediatamente, antes que la luna nueva llegue, si no es así nuestros esfuerzos serán en vano-
El teniente se estremeció en su asiento, sus manos le temblaban, alterado por el descubrimiento, encendió el auto inmediatamente y se fue del lugar sin notificar a sus subalternos el por que de su partida. La emoción que sentía le hizo olvidar este detalle. Sabía quien podía ayudarle a descifrar el asesinato e incluso pensaba que esta persona también podría ayudarle a cazar al homicida. No había tiempo que perder, no le importaba que fuera tarde, a como diera lugar está persona tenía que ayudarle, no podía permitirse el lujo de aceptar una negativa, en su interior algo le gritaba que era imprescindible que resolviera el crimen, no podía fallar.
Atravesó la ciudad en menos de veinte minutos, los muelles parecían pertenecer a otra ciudad, una derruida y abandonada, no a la excelsa Nueva Utopía. Detuvo su auto frente a una de las grandes bodegas de mercancías del puerto y se encaminó hacia un viejo bote que se encontraba anclado a unos doscientos metros. Cuando estuve frente a él, empezó a silbar una antigua canción de cuna de su tierra natal. Seguido, una débil luz amarillenta iluminó la cabina de la embarcación, un rechinido detuvo el silbar del teniente, detrás de una puerta, se asomó un viejo de piel cobriza y largo cabello negro, arreglado en una impecable trenza que le sobrepasaba la cintura. Vestía un uniforme parecido al de un mecánico solo que sin manchas de aceite sobre la tela, el viejo se acercó a una escalerilla de madera que unía el barco con el muelle y se puso unas gafas para cerciorarse mejor quien era su inoportuno visitante. Lanzó una mirada escrutadora y exclamó emocionado:
-Ben, muchacho, pero que son estas horas de llegar, cómo se te ocurre, hijo, venir a está hora-
El teniente atravesó la escalerilla y subió al barco luego de que el anciano le hiciera señas para que entrara a bordo, luego dijo:
-Alberto, perdóname por molestarte a está hora, pero necesito hablar contigo-, su voz era firme y serena.
-Muy bien, entremos, creo que tengo unas cervezas en algún lado, déjame buscarlas y luego podremos platicar todo lo que te plazca, pero vamos, entra, que hace frío-, contestó el viejo, dejando ver en su rostro un leve rastro de preocupación, la cual inútilmente intentaba disimular.
Entraron a la cabina y el teniente se sentó en un cómodo sillón que se encontraba al lado de la puerta. El viejo siguió hasta el fondo donde extrajo dos cervezas de un pequeño refrigerador. Le entregó una a su amigo y sentándose a su lado, le dio una palmada en la rodilla, para luego exclamar:
-Que gusto me da verte, Ben. Veo que ya te estás acostumbrando a vivir sin la sombra de tu viejo cubriéndote la espalda, me parece muy bien, el siempre tuvo la esperanza de que no siguieras sus pasos y todo parece que su esperanza no fue en vano-
-Sabes, Alberto, exactamente por algo relacionado con mi padre es que he venido, tú y mi padre siempre fueron muy unidos y eras su asistente en la mayoría de sus proyectos. Por lo tanto necesito que me des respuestas y por favor, no me mientas, por que tengo la impresión de que mi padre, le mintió a su familia toda la vida, pienso que sus proyectos no sólo se relacionaban con la traducción de textos y el desarrollo de una escuela mística, siento que hay mucho más, así que por favor te pido que seas sincero, cuéntame toda la verdad, querido amigo-
Alberto tomó un buen trago de cerveza y encogiéndose de hombros, preguntó:
-¿Qué es lo quieres saber exactamente?-
Hace quizá menos de tres horas 6 oficiales de mi Departamento fueron brutalmente asesinados, todos ellos fueron decapitados, pero increíblemente ninguno de sus cuerpos expulso ni una gota de sangre fuera de sí. Mientras indagaba en la escena, recordé que una vez cuando era adolescente espíe una de sus conversaciones y recuerdo muy bien que tu le decías a mi padre que era urgente consagrar lo antes posible una supuesta espada que habías probado más de dos centenas de veces, no se en qué, ni quiero imaginármelo, y que en todas ellas comprobaste que no había existido derramamiento de sangre. También recordé las historias que me contaba mi padre, cuando era un niño sobre los cazadores de dragones.-
-Me parece demasiado sospechoso que tu y mi padre hayan tenido esa conversación y que ahora después de tanto tiempo, mueran seis hombres y que lo encontrado en la escena del crimen concuerde exactamente con lo que supuestamente tu habías comprobado, me parece mucho más que una simple coincidencia, así que o me explicas de que se trata esto o tendré que arrestarte cómo principal sospechoso del homicidio de mis colegas.-
El viejo le devolvió la mirada, vaciló un instante pero a pesar de ello se atrevió a contestar:
-He jurado no revelarle a nadie lo que sé, muchacho, así que será mejor que te vayas, pierdes el tiempo aquí, conmigo no conseguirás nada-
El teniente furioso, sacó su arma y le apuntó al viejo:
-No me obligues a arrestarte, Alberto, sé muy bien que tu sabes de que va todo esto, así que por favor te pido, háblame de la espada que probaste para mi padre-
-Lo siento, Ben. Me niego a hacerlo.-contestó decidido el anciano.
-Muy bien, tu te la has buscado, no me has dejado otra opción-, dijo el teniente antes de disparar su arma sin contemplaciones de ningún tipo. En dos ocasiones disparó, la primera bala impactó en un costado de la embarcación, del cual se desplomó un hombre que se encontraba escondido allí, junto a un armario; la segunda atravesó toda la habitación y acertó a darle a una misteriosa sombra que se encontraba junto a la cocina, está también se desplomó al instante.
Alberto corrió a cerciorarse de que los individuos estuvieran muertos, al comprobarlo, se apresuró a tomar una mochila que tenía guardada en un compartimiento secreto en el piso del barco, para seguido salir de allí junto al teniente.
-Gracias, muchacho, por un instante llegue a pensar que no te darías cuenta de que nos observaban-
-Quienes eran esos sujetos, Alberto?-
-Un par de matones contratados por Charles Webster, antiguo amigo íntimo de tu padre y mío, también-
-Webster, el primer alcalde de la ciudad-
-El mismo, sólo que ahora no podríamos decir que somos amigos en lo absoluto-
-Vamos, no te retrases, ya una vez en el auto, podrás contarme todo con tranquilidad, querido amigo-, dijo el policía mientras arengaba al viejo a que se alejaran lo mas pronto posible de los muelles. No se percataron nunca que algo los espiaba desde el cielo.
Se refugiaron en una cabaña localizada en los campos de cultivo que rodean a Nueva Utopía por el este, a unos 15 kilómetros de ella. El viejo encendió una pipa mientras el teniente busco algo que beber.
Alberto dio una profunda calada a su pipa, saboreó en calma, la esencia de vainilla que contenía el tabaco y expiro una informe grisácea nubecilla.
-Déjame que te cuente todo lo que sé. Acababa de concluir mis estudios sobre las primigenias creencias religiosas de mi pueblo, cuando fui designado como agregado cultural de la embajada de mi país en Turquía. Gracias a unas conferencias que impartí en la embajada, que versaban sobre un estudio antropológico que había realizado sobre los naguales de México, tuve la oportunidad de conocer a tu padre. Nos hicimos buenos amigos y después de un tiempo me incorporó a su grupo de místicos investigadores-
-¿Eso fue antes de los cataclismos?-, preguntó el teniente.
-Si, eso sucedió en el 2119. Pero yo me encontraba todavía en Turquía cuando sucedieron los hechos del 2123 y debido a que gran parte de México había desaparecido bajo las aguas, decidí quedarme en tu país y tu padre me aceptó como su discípulo-, Alberto calló un instante para darle otra calada a la pipa que sostenía en la mano desde hacía rato.
-Pero tu padre no era un simple imán del Islam, no, Ben; y quiero que escuches bien lo que voy a decir. Tu padre fue un destacado alquimista y me enseñó todo lo que sabía al respecto, pero eso no es lo más importante, lo que realmente importa es que a él le fue transmitido un antiquísimo conocimiento, el cual debe ser guardado de que caiga en manos impuras por que podría acarrear un sufrimiento aún mayor, al sufrido en los cataclismos de inicio de siglo.-
-El teniente buscó llenar su vaso vacío con jugo mientras el viejo continuaba hablando:
-En mi país natal, México, aprendí de los naguales y los chamanes de los pueblos indígenas, el viejo arte de tener un animal de poder que te proteja y en el cual después de un arduo entrenamiento, puedes transformarte a voluntad. Tu padre me aceptó en su cofradía gracias a está capacidad que poseo. Se que te es muy difícil el creer que algo así pueda pasar, pero no te pido que creas en mí, tan sólo te pido que observes mi cuerpo con atención.-
-¿Cómo?, replicó el teniente confundido.
-Obsérvame, Ben, no apartes tu mirada de rostro, atiende-dijo Alberto enfurecido.
Se puso de pie, su cuerpo empezó a temblar y su rostro se alargó hacia el frente perdiendo sus facciones humanas, todo el adquirió la forma de un gran can, que destruyendo las ropas que minutos antes vestia el viejo, se abalanzó sobre el teniente y lo tendió en el suelo. Este tenía sobre sí a un coyote que resoplaba furioso sobre su cara. El animal abrió su hocico en toda su extensión y ladró sin parar. Ben no sabía que hacer por lo que prefirió quedarse quieto y esperar que el ser que minutos antes era Alberto, no tuviera la intención de hacerle daño. El coyote ladró por espacio de un minuto y luego se apartó tranquilo, permitiendo al oficial ponerse de pie. El can se dirigió a la cocina y una vez más entre temblores apareció Alberto, desnudo y cubierto de sudor de arriba abajo.
Ben lo cubrió con una bata que encontró en el baño de la acogedora cabaña y le ayudó a incorporarse. El anciano se sujetó bien la bata y regresó a su asiento. El teniente se quedó detrás mirando el uniforme de mecánico que llevara puesto su acompañante momentos antes, tirado en el piso.
-Diablos, Alberto, como es posible que te hayas transformado en ese maldito animal-
-Y esa es tan sólo una habilidad menor, querido amigo, yo se la enseñé a tu padre y él en agradecimiento me transmitió la antiquísima ciencia de la Alquimia junto a todas las habilidades a las cuales puede acceder el hombre si domina esta antiquísima ciencia.-
-Pero lo verdaderamente relevante no son esas habilidades o el conocimiento que se puede adquirir mediante este arte oculto, no. Lo que realmente importa es el secreto que guardan todos los alquimistas desde tiempos inmemoriales y eso, Ben, es lo que estoy intentando comunicarte de la forma más apropiada-
El teniente seguía de pie, detrás de Alberto, tratando de asimilar lo que estaba sucediendo.
-Desde tiempos inmemoriales, cada uno de los hombres que han existido, existen y existirán habrán de hallar su camino en la vida y recorrerlo en toda su extensión. Tu padre y yo encontramos el nuestro y decidimos recorrerlo íntegramente hasta el final, tú has hallado el tuyo y sé que avanzas en él cada día un poco más. Así de la misma manera tu hija ha elegido el suyo y gracias a su abuelo, se encuentra capacitada para atravesarlo en toda su envergadura, sin la menor posibilidad de fracaso, de eso estoy seguro-
-Habla claro, Alberto, déjate de metáforas y ve al grano, ya de una vez por todas explícame que tienen que ver mi padre y tú en este homicidio, se que sabes quien mató a mis colegas y sólo te pido que me lo digas ya, sin más palabrería inútil.- El teniente se llevó una mano al rostro y suspiró.
Capìtulo 4.
Shilo se detuvo bruscamente.
-Basta, estoy harta de huir, se acabó, no pienso escapar otra vez de esos malditos monstruos, no. Ya es hora, debo cumplir con lo acordado.- pensó mientras recuperaba el aliento.
No tenía idea de cuanto había corrido y desconocía por completo el tiempo que le había tomado llegar a donde estaba.
-¿Daniel?-, le he abandonado-, se recordó a sí misma, acongojándose por lo ocurrido.
Se encontraba acuclillada, con sus manos firmemente colocadas sobre cada una de sus rodillas. Un leve temblor le recorría el cuerpo y sudaba a chorros. Irguió la cabeza un instante y se dio cuenta que se encontraba a 10 calles de donde había abandonado a Daniel, a merced de los policías y de aquel engendro asqueroso que les perseguía. Cerró los ojos intentando borras los recuerdos de su memoria, pero era tarde, pues ya las lágrimas anegaban su rostro. Intentó contenerse, se secó las lágrimas y poniéndose de pie, decidió no hacer esperar más a su destino.
Avanzó hasta el centro de la calzada, levantó sus brazos con las palmas de sus manos hacia arriba, de tal forma que parecía que estuviera sosteniendo el cielo con ellas. Sus piernas también parecían como ancladas a la calle. Lanzó un escupitajo lo más lejos que pudo y seguido empezó a recitar un extraño y gutural mantra. La noche que como es usual transcurre entre intervalos de un silencio absoluto y otros caracterizados por una variedad de ruidos y de sonidos de una corta duración, se vio colmado con un zumbido que parecía aumentar en intensidad conforme Shilo seguía recitando su extravagante cantaleta.
De repente aquel extraño sonido desapareció al unísono como si Shilo hubiera perdido el oído justamente en ese instante. Detuvo su canto e inspeccionó con la mirada el cielo. Al no descubrir nada fuera de lo normal, se decepcionó y sentándose en la calle se hecho a llorar. Aquello era inútil y se sintió engañada. Como pudo ser tan estúpida para creer en la existencia del Maestro de Juegos, acaso ella había perdido la razón, como pensaba, le había sucedido a su abuelo.
-Maldita cabeza defectuosa-, gimió entre sollozos.
En su interior el peso de aquella carga le parecía insostenible y acostándose de espaldas en la calle, cerró los ojos. De la oscuridad emergió la imagen de Daniel, sonriéndole y en su mirada descubrió una hoguera y el calor que despedía aquel fuego le quemaba por dentro. Daniel se acercó y cuando estuve frente a ella, le escupió el rostro. Entonces Shilo despertó, se había quedado dormida justo en medio de la calle, se irguió bruscamente y sintió su cuerpo húmedo, se tocó con las manos la ropa, estaba empapada. Llevó su mirada hacia su izquierda y se quedó atónita, las paredes de los edificios se habían transformado en una serie de altísimas columnas de agua que desafiando la gravedad mantenían su posición, ni una sola gota parecía derramarse sobre el pavimento. Solo se notaba un pequeño temblor en aquellas líquidas moles que se asemejaba al casi imperceptible oleaje de los lagos alpinos.
Asustada se puso de pie de un salto y al tocar el suelo, salpicó sendas lenguas de agua, se sintió como una niña que saltaba sobre los charcos luego de un copioso aguacero, ansiosa de enfurecer a su madre mientras lo hacía. Entonces miró atentamente el pavimento y descubrió que lo que parecía la calle no era más que una ilusión, una imagen proyectada desde quién sabe donde sobre la superficie de una extensión casi infinita de agua. Revisó atentamente el otro lado de la calle y corroboró que sucedía exactamente lo mismo con los edificios y el cielo. Todo aquello, la ciudad entera no era más que imágenes proyectadas sobre un vasto y translúcido océano.
-Soy un pez atrapado en su pecera-, pensó.
Desesperada, creyéndose loca de remate, la abordó una vez más la imagen de Daniel escupiéndole la cara, pero esta vez, pudo contener la rabia e imitando a la imagen que le era tan querida, escupió a su vez, con todas sus fuerzas y su saliva se esparció por el aire desvaneciéndose justo antes de tocar el suelo.
Entonces se oyó una risa y una voz que parecía provenir desde todas las direcciones dijo con pausada dicción:
-LO…
-HAS…
-CONSEGUIDO…
-CHIQUILLA…
Algo flaqueo en las líquidas moles que pretendían ser edificios y nubes y una avalancha se precipitó sobre Shilo que fue engullida por la violencia de la corriente. Ésta intentó nadar hasta la superficie pero una fuerza descomunal la halaba hacia el oscuro corazón de las aguas, poco después se halló a sí misma girando sin parar en lo que parecía un remolino y en el instante en que creyó llegar al fondo mismo del estomago de aquel monstruo que la retenía, vio un destello y una luz blanca la cegó por completo, luego se estrechó estrepitosamente con lo que parecía ser una superficie sólida.
… Continuara!
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Gracias Raj! que bueno que te gusto… vamos a ver cuando el Klifo arranca de nuevo a escribir!
mae muy bueno…. ahi pase imaginandome la version animada… cuando sale el siguiente capitulo?